Francisco (Paco) Trisac, consejero delegado de La Compañía General de Eventos, lleva más de dos décadas dedicado a diseñar viajes de incentivo, congresos y eventos para grandes compañías. Después de una extensa trayectoria en Viajes El Corte Inglés y de catorce años al frente de La Compañía General de Eventos, agencia asociada a I de MICE, conoce como pocos la evolución que ha experimentado la industria. En esta entrevista reflexiona sobre la transformación del sector, el nuevo significado de los viajes de incentivo, el impacto de la inteligencia artificial y aquellos aspectos que, pese al paso del tiempo, siguen siendo esenciales para crear experiencias memorables.
La transformación de una industria en constante evolución
- Llevas más de dos décadas vinculado al mundo de los viajes de incentivo y los eventos. Cuando miras atrás, ¿qué es lo que más te sorprende de la evolución que ha vivido el sector?
La transformación radical de la mentalidad del cliente y del asistente, pasando de la ostentación pura a la búsqueda de propósito.
La evolución del sector podemos resumirla en estos cambios fundamentales:
De la exclusividad al impacto positivo
Antes: El lujo se medía en hoteles de cinco estrellas gran lujo, cenas masivas y regalos caros.
Ahora: El verdadero valor está en la autenticidad, la sostenibilidad y el legado que el evento deja en la comunidad local.
De ser espectadores a ser protagonistas
Antes: Los asistentes se limitaban a sentarse, escuchar ponencias o participar en tours turísticos pasivos.
Ahora: Se buscan experiencias de creación, talleres interactivos y actividades donde el participante se involucre emocionalmente.
De la desconexión total a la digitalización con propósito
Antes: Un viaje de incentivo implicaba desconectar por completo del entorno laboral debido a los problemas de conectividad.
Ahora: La tecnología (apps personalizadas, realidad aumentada) enriquece la experiencia sin perder el contacto humano cara a cara.
Casi todos viajamos con nuestros teléfonos para capturar paisajes o momentos únicos. En la mayor parte de los casos, esas fotografías se quedan en el móvil, semiolvidadas. Ahora tenemos que buscar otro tipo de factores que generen una huella emocional imborrable en la mente.
- Después de una larga etapa en Viajes El Corte Inglés, ¿qué te llevó a asumir el reto de dirigir La Compañía General de Eventos?
Siempre fui consciente de que ECI no sería la empresa donde terminaría mi carrera profesional y los dos últimos años fueron duros por los continuos enfrentamientos con la dirección comercial.
Tenía muy claro que podía trabajar para mis clientes de una forma todavía más directa y con un trato aún más personalizado.
- ¿Qué visión querías aportar a la compañía cuando llegaste y cómo ha evolucionado desde entonces?
La Compañía General de Eventos la creamos de cero. Coincidió con una de las crisis económicas más duras: destrucción de empleo, recorte de gasto por parte de las empresas, mucha incertidumbre y amenazas de rescate económico por parte de la UE.
Luego vino la pandemia y, hoy en día, volvemos a convivir con la incertidumbre económico-política que atravesamos.
A pesar de todo, ya han pasado catorce años desde nuestro primer evento como LCGE y seguimos con las mismas ganas que el primer día, siempre investigando, pensando y desarrollando nuevas opciones para superar las expectativas de nuestros clientes.
- Has trabajado en diferentes momentos y modelos de negocio. ¿Crees que hoy dirigir una agencia de incentivos es más complejo que hace quince o veinte años?
Sin duda. Hay una serie de regulaciones fiscales, laborales y de otros ministerios que nos requieren grandes inversiones de tiempo y que, en muchos casos, como ocurre en la mayor parte de las pymes, no se justifican. Pero hay que cumplir las normativas porque, si no, ya sabemos lo que toca.
- Después de tantos años trabajando con empresas, ¿qué crees que sigue buscando un cliente cuando decide invertir en un viaje de incentivo?
Cuando un cliente decide invertir en un viaje de incentivo hoy en día, creo que no solo busca logística ni turismo; compra transformación, conexión y rentabilidad estratégica.
A pesar de la evolución tecnológica y cultural, el motor de la inversión sigue siendo el comportamiento humano y el negocio.
Aparte del retorno económico, también reciben una mayor motivación laboral que con otras opciones y una conexión con la empresa que, con el teletrabajo, muchas veces se diluye.
El nuevo significado de los viajes de incentivo
- Durante años el incentivo se entendió como un premio. ¿Crees que hoy las empresas buscan algo más profundo que premiar: conectar, inspirar o reforzar vínculos?
Totalmente de acuerdo. El incentivo ha dejado de ser una simple transacción económica o un trofeo que muchas veces no se sabe muy bien dónde colocar, tanto en las oficinas con los open space como en la casa del ganador, que suele llenarse de polvo en una estantería.
Actualmente, las empresas se han dado cuenta de que un cheque extra o un viaje de fin de semana no bastan para sostener el alma de un equipo. Vivimos en una época de desconexión digital profunda; por eso, el incentivo actual busca sanar esa distancia.
Ya no se trata de premiar el esfuerzo pasado, sino de alimentar y fortalecer la relación futura.
Las organizaciones buscan crear espacios donde las personas se sientan únicas, valoradas y, sobre todo, unidas por algo que va más allá de un contrato laboral.
El nuevo significado del incentivo
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- De premiar a conectar: Se buscan experiencias compartidas que rompan las barreras de las jerarquías y generen empatía real.
- De motivar a inspirar: El incentivo moderno apoya el propósito personal del empleado, alineándolo con los valores de la empresa.
- De retener a vincular: No se intenta «atar» al talento con hilos de oro, sino construir puentes de lealtad basados en el respeto mutuo.
- De lo transaccional a lo emocional: El foco se desplaza del valor material del regalo al impacto emocional y al recuerdo que este deja en la persona.
- ¿Qué conversación tienes hoy con los clientes que hace quince años era impensable?
Quince años equivalen prácticamente a una nueva generación y nuestra sociedad ha cambiado mucho durante este tiempo. Hay un proverbio que dice que con los clientes no hables de fútbol, política ni religión. Hoy, de cara a un posible viaje de incentivo, hablaríamos de:
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- Sostenibilidad y huella de carbono: Los empleados cuestionan el impacto ambiental del destino y las empresas calculan (o compensan) las emisiones del vuelo.
- Salud mental y ritmos humanos: Ya no se saturan las agendas con actividades obligatorias; hoy se defiende el tiempo libre y el descanso como el verdadero lujo.
- Impacto social local: Se preocupan de que el dinero invertido beneficie directamente a las comunidades locales, huyendo de los grandes complejos hoteleros aislados.
- Inclusión y personalización con IA: Se diseñan itinerarios adaptados a las necesidades de cada individuo (dietas, neurodivergencia, accesibilidad), en lugar de soluciones genéricas para todo el grupo.
- Bienestar: Las conversaciones han pasado de planificar fiestas nocturnas a incluir talleres de desconexión digital, yoga, mindfulness o contacto real con la naturaleza.
Lógicamente, en estos quince años también ha habido un cambio de interlocutor, incorporando a personas más jóvenes, con otros puntos de vista y otras expectativas.
- El participante actual ha viajado más, compara más y tiene más referencias que nunca. ¿Es hoy más difícil sorprender que antes?
Sin duda, el umbral de asombro ha subido debido no solo al mayor número de viajes realizados, sino también al impacto de las redes sociales.
En nuestra opinión, las nuevas claves para sorprender se podrían resumir en:
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- Hiperpersonalización: La sorpresa ya no es colectiva, sino individual. Impacta cuando el participante siente que el evento fue diseñado exclusivamente para él.
- Conexión emocional: Sustituir el asombro visual por la transformación personal. Sorprende más una conversación profunda o un aprendizaje inesperado que un espectáculo de luces.
- El valor de lo inaccesible: Diseñar momentos que el dinero no pueda comprar. Esto incluye el acceso a personas exclusivas, lugares secretos o tradiciones locales auténticas.
- Improvisación controlada: Romper el protocolo de forma genuina. Alterar el ritmo de la agenda de manera inesperada genera un impacto memorable.
¿Qué sigue siendo esencial?
- ¿Qué aspecto de los viajes de incentivo sigue siendo exactamente igual que cuando empezaste?
El deseo de sentirse único: las personas siguen buscando el reconocimiento público y sincero de su esfuerzo por parte de sus líderes y compañeros.
La magia de la primera noche: ese brillo en los ojos y la emoción compartida al llegar a un lugar nuevo, rompiendo la rutina del día a día.
Derribar las jerarquías: el momento exacto en que el director y el nuevo empleado se sientan a conversar como iguales, descubriendo que comparten los mismos miedos o pasiones, como las personas que son.
El poder de la anécdota: esos chistes internos y recuerdos memorables que se crean en el viaje y que el equipo seguirá repitiendo en la oficina durante los siguientes cinco años.
El orgullo de pertenecer y ser reconocido dentro del grupo: regresar a casa con la certeza de que no solo trabajas en un lugar, sino que formas parte de una comunidad que te valora.
- ¿Y qué ha cambiado para siempre?
En nuestra opinión, ha cambiado para siempre:
El fin del lujo ostentoso. Se pasó de los hoteles de cinco estrellas aislados del entorno al lujo silencioso, donde se valora más la exclusividad de una experiencia auténtica y el diseño con propósito.
Agendas libres frente a itinerarios militares. Antes, cada minuto estaba programado con actividades obligatorias; hoy, el descanso, el tiempo para uno mismo y la flexibilidad son innegociables.
Sostenibilidad real frente al postureo. Viajar sin medir el impacto local o la huella de carbono ya no es asumible; el respeto por el destino es ahora un requisito exigido por los propios empleados.
Adiós a la desconexión total. La hiperconectividad cambió las reglas; antes el viaje era un oasis aislado, hoy el reto es aprender a desconectar del dispositivo de forma consciente (ayunos digitales).
Experiencias colectivas hiperpersonalizadas. Ya no existen los paquetes idénticos para todo el grupo; la tecnología permite adaptar los menús, las actividades y los ritmos a la salud, el bienestar y las preferencias de cada individuo.
El valor de la experiencia
- ¿Cuál ha sido la lección más importante que te han enseñado los clientes a lo largo de tu carrera?
Cada cliente es un mundo y cada uno te deja su propia marca o lección. Unas son muy gratificantes y, afortunadamente, las menos son desagradecidas, porque ellos mejor que nadie conocen todas las horas de trabajo que hay detrás de cada proyecto.
- Gestionar una compañía también implica tomar decisiones difíciles. ¿Cuál ha sido el momento profesional más complejo que recuerdas?
Hay decisiones que afectan a personas con las que, en un trabajo tan especial, se crean vínculos. Cuando llega el momento de prescindir de ellas, siempre resulta duro.
- De todos los viajes de incentivo o eventos en los que has participado, ¿hay alguno que recuerdes como el mejor de tu carrera? ¿Qué lo hizo tan especial?
Son muchas las experiencias vividas a lo largo de estos años. Por nombrar alguna, llevar a 60 agentes de seguros a la entrega de los premios Grammy, en Los Ángeles. Conseguir esas entradas fue una auténtica pesadilla, pero mereció la pena.
En otra ocasión organizamos una auténtica Feria de Abril de Sevilla en la Gran Muralla China, con rebujito incluido, y hasta la televisión china apareció para grabar aquella celebración.
- Todos los profesionales de este sector guardan alguna historia imposible. ¿Cuál ha sido la mayor «salvada» que recuerdas en un incentivo o evento?
Deberían estudiar la forma de medir la capacidad para la improvisación, y seguro que se sorprenderían. Son muchas las anécdotas o situaciones que amenazan el programa de un viaje de incentivo: condiciones meteorológicas adversas, conflictos bélicos de última hora, amenazas sanitarias, etc.
Recuerdo un viaje de incentivo al desierto de Túnez para un grupo de una compañía petrolera española. Teníamos prevista una cena en un campamento en el desierto, con haimas y música en vivo.
A las 10:00 de la mañana de ese mismo día, nuestro representante recibió una llamada del jefe de la policía local. Desde sus servicios de inteligencia creían que algunos argelinos armados podrían cruzar la frontera para traficar con gasolina, algo muy común en esa zona. Como resultado, se suspendía nuestra cena.
Es importante conocer el historial profesional de tus contactos en cada país. Mi amigo Naser había sido el primer guía de turismo de Túnez; tenía el carné de guía con el número 1. Le pedí que llamara al ministro de Turismo y que solicitara al ministro del Interior reforzar la frontera, porque esa era precisamente su misión, y que nos permitiera celebrar la cena. Fue un éxito.
Mirar al futuro sin perder la esencia
- ¿Hay algún error o tropiezo profesional que, con el tiempo, haya terminado enseñándote más que un éxito?
Confiar en algunos clientes que te prometían el viaje y luego pasaban toda tu propuesta a la competencia porque era 20,00 € más económica. A la vuelta te decían que todo había ido bien, pero que el próximo lo hacíamos nosotros.
- La inteligencia artificial está transformando todos los sectores. ¿Qué oportunidades reales ves para nuestro trabajo en los próximos años?
La inteligencia artificial no viene a reemplazarnos, sino a liberarnos de las rutinas diarias para que podamos invertir ese tiempo en el trato más humano con nuestros clientes o en la captación de nuevas oportunidades de negocio.
La verdadera oportunidad radica en utilizar la tecnología para automatizar las tareas repetitivas y liberar tiempo para la empatía, la estrategia y la creatividad.
Va a suponer una auténtica revolución para nuestro sector, ya que son muchos los procesos que puede agilizar: automatización de informes, transcripciones, análisis de impacto ambiental, gestión de datos diarios, creatividades e, incluso, apoyo a un buen storytelling.
- Y, al mismo tiempo, ¿qué aspectos de esta profesión crees que seguirán dependiendo siempre de las personas?
La inteligencia artificial procesa información, pero las personas procesamos emociones.
- Después de tantos años viendo evolucionar el sector, ¿qué te preocupa más: la tecnología, la captación de talento o la pérdida de cultura profesional?
Sin duda, la pérdida de cultura profesional y la captación de talento.
Nuestro trabajo es un trabajo cien por cien vocacional y, si se pierde el conocimiento adquirido con la experiencia y los viajes por falta de captación de talento, también se perderá la cultura profesional.
En este trabajo buscamos alcanzar la excelencia y superar las expectativas de nuestros clientes. Con estas premisas, aquí no vale todo, ni todos.
Las nuevas tecnologías también nos ayudarán a seguir alcanzando esa excelencia que buscamos en todos nuestros viajes de incentivo.
- I de MICE nació en un momento especialmente difícil para la industria. ¿Qué valor tiene hoy, para una empresa como la vuestra, formar parte de una asociación como esta?
Formar parte de I de MICE es algo muy difícil de explicar con palabras, máxime para quienes estamos desde el principio, porque hasta nosotros mismos nos sorprendemos de la capacidad que, como asociación, podemos llegar a conseguir.
Los proveedores que asisten a nuestra Asamblea, al Focus de La Razón o leen nuestra revista se contagian de un sentimiento I de MICE muy difícil de explicar.
- Y, para terminar: después de toda una vida profesional en este sector, ¿qué es lo que sigue ilusionándote cuando arranca un nuevo proyecto?
Lo que me mantiene con la misma ilusión intacta al arrancar cada proyecto se resume en tres cosas:
El poder de la hoja en blanco. Cada cliente es un universo diferente y el reto de crear un concepto único desde cero nos motiva día a día.
El factor humano y la sorpresa. Diseñar experiencias que el dinero no puede comprar y ver la cara de emoción de los asistentes cuando viven ese momento único e irrepetible que hemos planeado durante meses.
La adrenalina del directo. Coordinar la compleja maquinaria logística de un evento donde no hay margen de error y comprobar que todo encaja a la perfección.
Al final, nuestro trabajo consiste en fabricar recuerdos inolvidables para las personas. Saber que un viaje o un evento diseñado por mi equipo se convertirá en una experiencia que los asistentes contarán durante años en sus cenas familiares es el mejor motor para seguir innovando.
