
Hay lugares que, con solo pronunciar sus nombres, nos transportan en el tiempo a un mundo de caravanas, desierto y cúpulas brillantes de color azul turquesa. Samarcanda. Bujará. Jiva. Durante siglos, estas ciudades fueron hitos imprescindibles en la Ruta de la Seda.
Marco Polo, uno de los comerciantes más famosos de la historia, o Ruy González de Clavijo, embajador de la corte castellana que viajó a Samarcanda ya en el siglo XIV, nos han hecho soñar a través de sus relatos a generaciones enteras, y hoy Uzbekistán convierte ese legado en un escenario excepcional para viajes de incentivo, donde la historia se vive como una experiencia en primera persona.
¿Por qué un programa de incentivo en Uzbekistán?
En cualquiera de estas ciudades, los participantes tendrán la oportunidad de descubrir una combinación única de historia, cultura, experiencias exclusivas y escenarios inolvidables.
Jiva: Una puerta al pasado. Fundada en el siglo VI, fue un importante centro del comercio de la Ruta de la Seda, una de las pocas ciudades medievales que se han conservado intactas hasta hoy día. Cuenta con una ciudadela amurallada y un complejo arquitectónico considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Taskent: La modernidad de sus amplias avenidas y rascacielos contrasta con la arquitectura soviética del siglo XX. Visita obligada merece el metro de Taskent, no solo es un medio de transporte, sino que sus estaciones son también una galería de arte, o la Torre de Televisión, que ofrece vistas panorámicas de 360º mientras se disfruta de una cena en su restaurante giratorio.
Bujará: Una ciudad que conserva intacta su esencia medieval, con calles estrechas, bazares y mercados donde convivir con el día a día de los uzbekos o realizar unas compras practicando el noble arte del regateo. Todo ello sin olvidar su extraordinario patrimonio arquitectónico: amplias plazas presididas por mezquitas, minaretes, madrazas y mausoleos cuyas cúpulas y mosaicos en tonos azul turquesa se han convertido en uno de los grandes símbolos de Uzbekistán.
Samarcanda: Esta ciudad es pura fantasía; llegar a la plaza del Registán es uno de esos momentos que se quedan grabados para siempre en la memoria. Un complejo monumental flanqueado por madrazas cuyas fachadas son un estallido de color azul, blanco y dorado. En determinadas épocas del año, al anochecer, se puede disfrutar además de un espectáculo de luz y sonido que envuelve al visitante en una atmósfera mágica.
Y para unir estas ciudades, Uzbekistán cuenta con conectividad de trenes de alta velocidad, que permite trasladar grandes grupos entre Taskent, Samarcanda y Bujará en tiempos récord (apenas 2 horas), con vagones VIP y servicio de catering a bordo.
En cuanto a su gastronomía, es contundente, especiada y pensada para compartir. El plato estrella es el plov. Un arroz cocinado con carne, zanahorias, garbanzos y una mezcla de especias (donde el comino suele ser protagonista) se cocina en enormes calderos de hierro. Las ensaladas de temporada, los panes recién horneados en hornos de barro (tandoor) y los frutos secos son compañeros inseparables de mesa y mantel.
Seguridad. Uzbekistán es considerado uno de los países más seguros de la región. La tasa de criminalidad es muy baja y existe una fuerte presencia policial. Es un destino donde se puede caminar con tranquilidad, incluso de noche.
Infraestructura hotelera: La oferta de alojamiento está diversificada, mientras que Taskent dispone de establecimientos de grandes cadenas internacionales como Hyatt, Hilton o InterContinental; en contraste, ciudades históricas como Bujará o Jiva cuentan con más oferta de hoteles tipo boutique.
Shopping: Se puede comprar a muy buenos precios alfombras hechas a mano, textiles como seda, lino o lana con diseños tradicionales uzbekos, o artesanía de madera tallada, así como frutos secos, té y especias.

Experiencias, talleres y actividades: Uzbekistán ofrece un catálogo de actividades y experiencias muy interesantes, desde talleres artesanales donde el participante podrá diseñar y pintar su propio pañuelo de seda o fabricar su propio perfume a partir de esencias naturales, hasta visitar un horno tradicional de pan para aprender cómo se elaboran los distintos tipos de pan, cocerlo personalmente y degustarlo posteriormente; o visitar la fábrica de papel de seda en Konigil, una aldea cercana a Samarcanda, que permite conocer el proceso ancestral de fabricación de este delicado material. Además, se pueden organizar clases privadas de cerámica con maestros ceramistas locales, ofreciendo a los participantes una experiencia práctica, única y memorable que combina aprendizaje, cultura y entretenimiento.
Todo ello convierte este destino en la elección perfecta para un viaje de incentivo de alto valor, una experiencia imprescindible.
Fam Trip de I de MICE realizado en colaboración con Mocokko Elit de Asia Tour y Turkish Airlines.



