Tal vez lo que vaya a escribir no sea políticamente correcto. O tal vez sí. Eso lo decidirán ustedes al terminar de leer este editorial, que, como no podía ser de otra manera, debía versar sobre los Viajes de Incentivo. Llevo tiempo reflexionando sobre este tema, pero esta semana, al cumplirse veinte años desde que me senté por primera vez en mi mesa de trabajo, la idea cobra aún más sentido.
Con otros tantos años por delante, seguramente alguno más, no me inquieta demasiado lo que venga. Si algo he aprendido es que el futuro siempre trae cambios, y que nos adaptaremos a ellos. Seguiremos viajando, saliendo de la zona de confort (aunque deteste la expresión) y reinventándonos. Lo que me preocupa no es el mañana, sino la manera en que estamos viajando hoy.
Viajar se ha convertido, para muchos, en una obligación. Las vacaciones son intocables en la era postpandemia, aunque el resultado sea un turismo masivo que a menudo aporta poco valor: ni a los destinos que recibe ni a los propios viajeros. Mientras tanto, los políticos celebran récords de visitantes como si fueran logros incuestionables, de pronto una industria maltratada, es motivo de orgullo por algo que no debería serlo. Crecer en cifras no significa necesariamente crecer en calidad, y ahí radica la verdadera contradicción de nuestro sector.
En este contexto, los Viajes de Incentivo deben marcar la diferencia como lo hacían hace 20 años. No son un trámite ni un gesto de cara a la galería. Si se hacen, deben hacerse con el cuidado y cariño que merecen—en horas de trabajo y en euros invertidos—, porque los resultados serán más que evidentes en las cuentas de resultados de nuestros clientes. Además, debemos atrevernos a arriesgar con nuevos destinos: menos saturados, más auténticos, donde la experiencia no siempre será la más espectacular, pero sí la que dejará un mejor recuerdo en la retina de los participantes.
Que los viajes se hayan democratizado es una buena noticia. Pero no a cualquier precio. Porque nada en lo que gastemos nuestro dinero nos enriquece tanto como un buen viaje… siempre que lo sea de verdad. Ese es el reto que tenemos por delante: hacer mejores viajes y, por supuesto, mejores Viajes de Incentivo.
Fran Lara, Director de Incentivos y Eventos en Presstour y miembro de la Junta Directiva de I de MICE
